Breve historia de Ambel relatada en 1929

De fundación inmemorial, con antigüedades de la España agarena, es la dichosa Villa de Ambel, perteneciente a la provincia de Zaragoza, en el Antiguo Reino de Aragón, poseedora de muchas y muy veneradas Reliquias…..

NOVENA QUE EDITA LA PARROQUIA DE AMBEL
EN HONOR DE LAS SANTAS RELIQUIAS QUE SE VENERAN EN LA MISMA,
CON UN BREVE RESUMEN DE SU HISTORIA.

CON LICENCIA ECLESIÁSTICA

AMBEL Y AGOSTO DE 1929

TIP. R. BERDEJO CASAÑAL
CINCO MARZO 2, ZARAGOZA
AMBEL Y SUS SANTAS RELIQUIAS

De fundación inmemorial, con antigüedades de la España agarena, es la dichosa Villa de Ambel, perteneciente a la provincia de Zaragoza, en el Antiguo Reino de Aragón, poseedora de muchas y muy veneradas Reliquias.

Perdida la noticia de su fundación en las más remotísimas edades, hoy solo nos consta de los primeros siglos de su existencia que era una población importantísima, dividida en dos por la Cañada, que separaba la población antigua de la llamada “Villa Nueva”, que desapareció con el tiempo.

A la muerte de D. Pedro de Atares, príncipe piadosísimo que levanto en honor de la Reina de los Cielos el celebre Monasterio de Veruela, acaecida en 1151, pretendieron los templarios sucederle en el Señorío de Borja. Opúsose a tales intentos el Conde de Barcelona Don Ramón Berenguer IV, como esposo de Doña Petronila, Reina de Aragón, dándose entonces en compensación a los Templarios algunas villas, entre ellas la de Ambel con sus términos, donación que tuvo lugar en la Zuda de Barcelona el postrero día de abril del año 1151, según unos o de 1152 según otros, hallándose presentes el Conde de Pallas y algunos caballeros aragoneses, de cuya Villa tomo posesión la Orden del Temple el 21 de Julio del mismo año.

Extinguida dicha orden en 22 de marzo de 1312 por Bula “Vox in excelso” del Pontífice Clemente V, sus bienes pasaron a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén por Bula del 10 de mayo del mismo año; Y en virtud del convenio y concordia entre el Pontífice Juan XXII y el Rey de Aragón Don Jaime I, en 17 de mayo de 1318 entro en posesión de dichos bienes la citada orden, desde cuya fecha constituyo Ambel, juntamente con Alberite y Cabañas, una de las Encomiendas que la Orden de San Juan tenia en la Castellanía de Amposta, en el Reino de Aragón. Mas de quinientos años ejerció dominio sobre Ambel la Orden de San Juan; hasta que, abolidas en España las jurisdicciones privilegiadas, en virtud de la Bula “Ano gravins” del Pontífice Pío IX, fue incorporada en lo espiritual a la Diócesis de Tarazona el 13 de febrero de 18745.

Hecha esta breve relación histórica, justo es dar a conocer los nombres de los principales personajes a quienes Ambel debe la adquisición de las Santas Reliquias, que hoy con tanta devoción venera.

Ocupa el primer lugar Fray Don Pedro de Montserrate, natural de Canet, Maestrazgo de Montesa, en el Reino de Valencia, nombrado Comendador de Ambel en la primera mitad del siglo XVI, caballero principalísimo de toda la Orden, en la que había desempeñado los cargos más importantes, pues había sido Presidente de la Asamblea de la Castellanía de Amposta y Recibidor del Común Tesoro, y años mas tarde uno de los Conservadores o Jueces de dicha Castellanía, creados por la Bula de Paulo III “Ad Romani Pontificis auctoritatem” dada en 20 de junio de 1542. Fue bienhechor insigne de esta Villa, pues en los muchos años que poseyó la Encomienda levanto a sus expensas la Capilla del Santo Cristo de las Reliquias, en la cual fundo una Capellanía, construyo el Santo Hospital y toda la Acequia Nueva desde la llamada Fila Vieja hasta la falda de Terrer; y en sus anhelos de enriquecer la Iglesia Parroquial con las mas veneradas Reliquias, se dirigió a la Villa de Caspe en compañía del Ilmo. Fray Miguel de Sangüesa, Obispo de Rosas y Abad del Monasterio Cisterciense de Rueda, que por el Cardenal Gonzaga regia la Diócesis de Tarazona, consiguiendo del Prior y monjes Sanjuanistas del Convento de Caspe dos trozos de la cabeza de Santa Sofía, uno de San Bartolomé y otro de San Blas, además de dos trozos de la Santa Cruz, con los que formo un precioso Lignum Crucis, acto que fue autorizado en Zaragoza por el Notario de Caspe D. Juan de Maisonaba el 25 de agosto de 1548.

Nótese a este propósito q el P. Faci en su obra, “Aragón, dote de Maria” dice que el antipapa Clemente VII dio a D. Juan Fernández de Heredia, natural de Munebrega, una Reliquia del Lignum Crucis que tenia forma de Cruz, la cual era un palmo de alta, un geme el crucero, dos dedos de ancha y uno de gruesa; La recibió el Heredia el 13 de septiembre de 1394 y este, que había sido Baile de Caspe (era entonces Maestre General de la Orden de San Juan) la regalo a dicha Villa y de ella debió ser tomada la que se conserva en Ambel. En el Monasterio Cisterciense de Rueda, consiguió el piadoso Comendador de su Abad-Obispo la Reliquia de San Sebastián; Y en el Palacio de los Condes de Ribagorza y Duques de Villahermosa obtuvo de Don Martín de Aragón y de Doña Luisa de Borja, hermana de San Francisco, dos pedazos de las cabezas de Santa Cristina y Santa Isabel, compañeras de Santa Ursula, según escritura autorizada por D. Jaime Rodríguez, Notario de Zaragoza, el 17 de junio de 1549. Para estas Reliquias mandó construir tres preciosos Relicarios, verdaderas joyas de arte, y dispuso su regreso a la Encomienda. El día 2 de julio de 1549, sabedor Ambel de la proximidad de su llegada y de las Reliquias que traía para su Iglesia, trasladose en masa a Val de Alonso, donde en medio de los mayores transportes de alegría y bandeo de campanas, recibió a su Comendador, el cual, ante el Notario de Ambel D. Sebastián de Tena, hizo entrega de tan preciosos restos a los Justicias y Jurados, hombres y mujeres, vecinos y moradores de esta Villa, con el solo encargo de que lo encomendaran a Dios, según dice un antiguo manuscrito. Sin tardanza levanto la Capilla del Santo Cristo de las Reliquias, donde las coloco y donde quiso que a su muerte, acaecida, según tradición, defendiendo el fuerte de San Telmo contra los turcos en la isla de Malta el 22 de junio de 1565, se guardase su cabeza, que se conserva incorrupta hasta nuestros días. También dio muchas Reliquias de los Santos Lugares de Jerusalén, según puede verse en el cuadro de las Reliquias existente a la entrada de la Capilla.

Rdo. P. Fray Martín Salvador Gilaberte, nacido en Ambel el 14 de noviembre de 1637; Fue Procurador General de la Orden de la Merced y enriqueció el tesoro de Reliquias de esta iglesia con muchas Reliquias, cuyas inscripciones aparecen ilegibles.

Rdo. P. Fray José Antonio de Hebrera, de la Orden Franciscana, en la cual fue Predicador General, Definidor y Cronista del Reino de Aragón, Comisario Visitador de la Provincia de Compostela y Secretario General de toda la Religión. Nació en Ambel el 26 de junio de 1652 y murió en Zaragoza el 30 de mayo de 1719; Escribió muchos libros y dio a la Parroquia las siguientes Reliquias: de San Felipe apóstol, de San Bartolomé, de San Juan Evangelista, de Santo Domingo de Guzmán, de San Antonio de Padua, de San Buenaventura, habito de San Francisco de Asís, de San Pedro Regalado, de San Ignacio de Loyola, de San Diego de Alcalá, de San Vicente Mártir, un escarpín de San Vicente Ferrer, de San Columbano, de San Carlos Borromeo, velo de Santa Orosia, de Santa Lucia, una muela de Santa Rufina, de Santa Emerenciana, casco de Santa Bárbara, de San Vitillano mártir.

Ilmo. P. Fray Francisco Salvador Gilaberte, sobrino de Fray Martín, nacido en Ambel el 4 de octubre de 1672. Fue Maestro General de toda la Orden de la Merced y Obispo electo de Almería por voluntad del Rey Felipe V, cuya mitra renuncio, Doctor, Maestro y Catedrático de la Universidad de Zaragoza. Escribió varias obras y dio a la iglesia de Ambel uno de los mejores cálices y las siguientes Reliquias: Un “Lignum Crucis” y Relicarios de Santa Perpetua. De Santa Justa, de San Víctor, de San Policarpo, de Santa Cecilia, de San Torcuato, de San Bernardo abad, de San Leoncio, de San Andrés apóstol, de Santa Eugenia, de San Eustaquio, de San Castellán, de Santa Simona, de Santa Victoriana, de San Cristino, de San Blas y de San Teodolito.

Mosen Antonio Lajusticia, Capellán mayor de la iglesia de la Virgen del Rosario, dio un “Lignum Crucis” montado en cristal de roca, y de San Juan de la Cruz, de San Pedro Armengol, de Santa Rosalía, de San Pedro Pascual, de San Ramón, de Santa Maria de Siros, de Santo Tomas, de Santa Margarita y de San Blas.

Mosen Gregorio Sanjuán, Racionero del Santo Templo Metropolitano del Pilar de Zaragoza, dio de los Innumerables Mártires de Zaragoza.

Existe además un nuevo Relicario construido en el presente año de 1929 con una canilla de gran tamaño de San Agrícola, mártir, y otras muchas Reliquias procedentes de la iglesia de la Virgen del Rosario, las cuales son tantas, que llenan unas ampollas de cristas en forma de Copón y se hallan colocadas para su mejor conservación y veneración en el Sagrarios de la Capilla del Santo Cristo de las Reliquias. Ignorase su procedencia, aunque no será aventurado el suponer que no serán ajenos a ellas los hijos ilustres de Ambel, entre ellos la Venerable Madre Sor Maria Dionisia Bernarda Gómez, fundadora y después abadesa durante cuarenta años del Convento de Capuchinas de Palma de Mallorca, donde murió en olor de santidad, según consta en si prodigiosa vida, escrita a raiz de su muerte; Maria Ana Belillas y Lamana, fundadora del Rosario de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza; Fray Cayetano Royo Tabuenca, Prior de Añon y gran predicador; Fray Francisco Tabuenca Fernández, Abad mitrado de Veruela y uno de los más famosos oradores de su tiempo; Fray Sebastián Gómez Cisneros, sobrino de la Venerable Madre Dionisia; los berreños, Garceses de Olvega y los Comendadores y Priores de Ambel. Últimamente han entregado y añadido al tesoro espiritual de esta iglesia algunos Relicarios, varios vecinos de esta Villa, cuyos nombres se consignan en el Diario de la Parroquia.

Tesoro digno verdaderamente de ponderarse y Reliquias dignas justamente de la encendida veneración y devoción que los hijos de Ambel les han profesado en todos los tiempos en correspondencia a los favores y beneficios de todas clases obtenidos por su mediación del Todopoderoso en los trances más amargos de su vida.

Dice el P. Fray Roque Tolosa, de la Orden Franciscana, en la Novena de las Santas Reliquias que compuso a finales del Siglo XVIII, que estas estuvieron ocultas muchos años, con dolor incomparable de los hijos de Ambel; Pero Dios, que oye los piadosos deseos de los que con fe piden, permitió con los suaves medios de su altísima Providencia, que las buscasen con motivo de la general sequía que padeció el Reino de Aragón en el año 1682, encontrándolas a las tres de la tarde del día 29 de agosto de dicho año al pie del Santo Cristo de las Reliquias en un armario o cajón, dentro de una caja de marfil en forma de arquimesa y de un cofrecito, con su Bula autentica que se conserva en el archivo parroquial; Y habiéndolas sacado procesionalmente al día siguiente, al aparecer en la puerta de la iglesia principio a llover, dando tan copiosa lluvia durante dos días, que sé regó a satisfacción la tierra, por cuya causa se instituyo la dista llamada del pueblo, celebrada aquel año el día primero de septiembre y en nuestros días el primer domingo de dicho mes, para darles gracias por tan señalado beneficio.

RELICARIOS DE LA PEANA

El Comendador Fray Don Francisco Zamora, a ruego de su hermano Prior y Comisario Fray Don Manuel Zamora, puso el año 1709 algunas Reliquias en un Relicario adaptándolo al pie de la Custodia para llevarlo en peana en las procesiones. Relicario que ahora se venera durante todo el año sobre pie de madera dentro del Sagrario de la Capilla del Santo Cristo de las Reliquias. Construyéndose dicho Relicario en Zaragoza y el día 28 de agosto de dicho año se trajo procesionalmente desde la puerta de San Juan a la Parroquia.

Posteriormente, parte de las Reliquias que dio el P. Hebrera y de los Lugares Santos, fueron colocadas a expensas de la piadosa familia de D. Joaquín Maria Dusmet y Navarro y su esposa Doña Maria Isabel Alonso Pesquera, en el Relicario que hoy se saca en peana, que se guarda en precioso estuche forrado de seda para su mejor conservación.

COFRADÍA DE LAS SANTAS RELIQUIAS

Viéndose esta Villa, en posesión de antas Reliquias, fundose una Cofradía para darles culto bajo la advocación del Santísimo Cristo de las Reliquias, a la que pertenecían todos los vecinos de este pueblo, y que llego a tal grado de fervor, que mereció abundantes gracias espirituales por parte de los Sumos Pontífices Clemente XII y Pío VI. El primero concedió en 14 de mayo de 1768 una indulgencia plenaria a los que, confesados y comulgados, ingresen en la Cofradía; otra indulgencia plenaria, a los cofrades de ambos sexos en el articulo de la muerte, confesados y comulgados, o si esto no pudiesen hacer, invocaren con la boca o el corazón el dulcísimo nombre de Jesús; Otra plenaria a los cofrades que, confesados y comulgados, visiten la iglesia parroquial, el día 29 de agosto, fiesta de las Santas Reliquias, desde las primeras vísperas del día 29 de agosto hasta la puesta del sol del día siguiente; rogando a intención del Romano Pontífice; 60 días de indulgencia a los cofrades que asistan a los oficios divinos, compongan enemistades o lo intenten, den hospedaje a los pobres, acompañen a los funerales a los difuntos, asistan a las procesiones, acompañen al Santo Viático o, impedidos, recen por los enfermos la oración del Padrenuestro y Avemaría, enseñen la doctrina cristiana, corrijan al que yerra o practique alguna obra de piedad o caridad.

La Santidad de Pío VI concedió en 14 de junio de 1775 indulgencia plenaria a los cofrades de ambos sexos que, confesados y comulgados, asistan a la procesión de las Santas Reliquias el día 29 de agosto o visiten la iglesia parroquial el día de la fiesta rogando por la intención del Romano Pontífice; en 23 de mayo del mismo año, una indulgencia plenaria a los cofrades que confesados y comulgados, visiten la iglesia parroquial el primer domingo de cada mes. En 22 de mayo del mismo año concedió altar privilegiado durante la octava de Difuntos y un día a la semana cuando se diga misa por difunto de la Cofradía. En 20 de mayo del mismo año concedió que todos los altares sean privilegiados durante los ocho días en que hacían oficios por los cofrades y a los asistentes indulgencia plenaria rogando por la intención del Romano Pontífice: indulgencias todas aplicables a las almas del Purgatorio. La Sagrada Congregación de Reliquias e Indulgencias dispenso a los legítimamente impedidos la visita a la iglesia parroquial, a los efectos de ganar las indulgencias, por Rescripto del 31 de mayo de 1775.