Sucede en Ambel

Ayer por la mañana cuando salía con mi bicicleta para disfrutar de un paseo por los caminos de la comarca, me encontré con una escena que llamó poderósamente mi atención. Oscar el alcalde, estaba personalmente arreglando los baches de la calle.

Mientras pedaleaba sobre la bicleta meditaba sobre este tema, y sobre la solidaridad que los habitantes de Ambel están demostrando al ayudar a una familia de origen búlgaro que se ha instalado en el pueblo.

Pensaba en escribir algo sobre estos temas en la página, y hoy al revisar el correo, me he encontardo con un mensaje que no sólo habla de ellos, sino que coincide plenamente con mi forma de ver las cosas. Publico íntegramente el correo y respeto el deseo de su autora de no divulgar su nombre.

No vivo en ambel, ¡qué más quisiera!, vengo cada verano a pasar unos días como muchos. Casi lo primero que hago al llegar, es “reencontrarme” con mi pueblo. Me pateo la calles buscando las heridas que el crudo invierno ha dejado: nuevas grietas en las casas, agujeros en las calles, maderas que crujen, óxido en los barrotes… También en la gentes ha dejado huella y todos somos un poco más viejos. Envejecemos junto con nuestro pueblo. Y me duele; me duele ver viejo a mi pueblo y a mi gente, me duele ver el cementerio más lleno.

Pero son días de risas y de sol. LLegan las fiestas y leo en el programa que ha preparado la comisión el saludo del Alcalde y me doy cuenta de que no todo se muere. He visto cosas estos días que me hacen pensar en gente con ganas de seguir y de luchar, en gente que “abre las puertas”.

Uno de ellos es Oscar (por si lo piensas, no soy ni su familia ni su amiga; intento ser objetiva y esta es mi opinión). He visto a Oscar tapando los agujeros de las calles con el aguacil y para mi eso es prueba de que su pueblo le preocupa, pues aunque muchos lo piensen, no forma parte de sus obligaciones ni va incluido en el sueldo. En cualquier caso no podemos decir que no hace todo lo posible por solucionarlos. Ojalá muchos siguiéramos su ejemplo. Pienso que todo aunque sea poco sirve para ayudar, poner macetas, pintar ventanas…

Otros que me han hecho pensar en que es cierto que se abren puertas son una familia que anónimamente está ayudando a una familia de emigrantes búlgaros que acaban de llegar a Ambel. Desconocemos sus circunstancias y los motivos por los que necesitan de todo. No importa, están aquí y sólo la familia a la que me refiero se ha dado cuenta de que nos necesitan. Están abriendo puertas y brazos.

Agradezco pues a todos los que ayudan a que Ambel sea un pueblo abierto, solidario, un poco más bonito. Y personalmente que me hagan ver que vivir aquí algún día merecerá la pena.